Contra el olvido: “Baguazo”, 17 años después

Por Manuel Yóplac Acosta

Carta 1031

(05/06/2026)

A las 5 de la mañana del 5 de junio del año 2009, en la llamada “Curva del Diablo” (distrito del Milagro, provincia de Utcubamba, departamento de Amazonas, Perú), y luego de 57 días de paro, estalló el enfrentamiento violento entre fuerzas policiales del Estado peruano y huelguistas amazónicos (principalmente awajún y wampis). Ahí empezó a vivir la muerte y a morir el diálogo humano. Como consecuencia, entre el 5 y 6 de junio, murieron 37 humanos, más 300 humanos resultaron heridos; y casi 200 humanos detenidos… Ahí se impuso una vez más la arrogancia del poder y el desencuentro de los mundos.

Hoy estamos en el año 2026, han pasado 17 años desde aquel día de derramamiento de sangre y desencuentro humano, -y aunque la herida sigue abierta- y que -todo está grabado en la memoria-, el “Baguazo” parece haber servido muy poco como hecho social e histórico para mirar un nuevo Perú -un nuevo mundo-, pues, la racionalidad económica sigue imponiéndose sobre la racionalidad ambiental.

El 5 de junio de 2009 no fue Raymi Llaqta para Amazonas, fue “Yawar Llaqta”, fue, sangre del pueblo de nativos awajún-wampis, policías y mestizos. El 5 de junio de 2009 no se bailó nuestras danzas, mostró nuestros trajes y costumbres, ni se tomó chicha; ese día se limpió las heridas y recogió a nuestros muertos. Han pasado 17 años, -es verdad- pero, ¿qué ha aprendido el Raymi Llaqta del Baguazo?, ¿qué hemos aprendido como amazonenses para Amazonas?, ¿qué hemos aprendido como peruanos para el Perú?, ¿qué hemos aprendido como humanos para la humanidad? Es verdad también, que la humanidad es la historia de las guerras y las muertes, pero: ¿hasta cuándo el ser humano dejará de rendir culto a la muerte en lugar de vivir la vida?, ¿hasta cuándo tenemos que esperar para encontrarnos como humanos de un mismo planeta? ¿hasta cuándo la naturaleza será concebida como sujeto y no como objeto?

La memoria es la espina de la vida y la historia, el “Baguazo” es memoria fresca que no podemos ni debemos olvidar, no solo para recordar la sangre derramada (que no se debe derramar), sino, -y, sobre todo- para podernos mirar y reconocernos como nación diversa que quiere caminar juntos. No estamos por su puesto contra la alegría del pueblo -todo lo contrario- pero estamos contra el olvido y la indiferencia que nos mata como humanos y sociedad, -y considero que-, así como la Batalla de Higos Urco forma parte de la historia peruana, el “Baguazo” también debe formar parte de la historia escrita, no para celebrar victorias ni lamentar derrotas, sino para construir puentes de un Perú diverso. La educación formal, debería incorporar en su temática el “Baguazo”, como parte de nuestra memoria y construcción de una nación de naciones.

Finalmente, el “Baguazo” es y será por mucho tiempo, un suceso de trascendencia amazónica, peruana, americana y mundial, pues, el “Baguazo” no es un hecho aislado; -es más bien- un reflejo que evidencia la crisis humana y ambiental; es la resistencia visible del choque de dos mundos en medio de la vorágine de un sistema cada vez más hegemónico y depredador. El “Baguazo” es la voz de la Amazonía en la voz de los seres humanos de la Amazonía.

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